Al indagar acerca de la gerontología y con ella las necesidades de los adultos mayores, se halla el obstáculo del estereotipo frente a este segmento poblacional. Parte de la sociedad encasilla a una persona mayor de 60 años en el concepto de “abuelo” o puede llegar a infantilizarlo.

«El único rol del adulto mayor es el de ser abuelo y, por otro lado, construimos como sociedad un escenario donde se trata como a un niño», gerontologa Paula Forttes, en el II Precongreso FIAPAM 2014.

Cuando un adulto mayor pierde la autonomía porque sus cuidadores consideran que sobreprotegerlos es el camino, se cae en el error de dejar en el olvido su independencia, perdiendo una mente útil y degradando a esa persona, aunque en el exterior parezca que se cuida muy bien.

El problema de la sobreprotección dicen los expertos*, inicia cuando la familia y los cuidadores, con la intención de ayudar o por el temor de un accidente, limitan las actividades habituales de la persona envejecida. Lo asisten, no le permiten realizar las actividades de la vida diaria y limitan sus salidas o el ejercicio, etc. En consecuencia, lejos de ayudar, tales medidas suelen acabar con la funcionalidad de los pacientes.

Si bien es cierto que a mayor edad surgen cambios desde lo físico hasta el sistema nervioso y el inmunológico y además, se va perdiendo la capacidad cognitiva, los adultos mayores no pueden ser tratados como niños y no todos son abuelos.

Por lo anterior, consultamos con la gerontóloga Paula Forttes, quien desde Santiago de Chile hace una radiografía de los mitos y prejuicios silenciosos de la vejez, que no es un fenómeno social reciente y donde el concepto de edadismo toma fuerza y que no es más que la discriminación por motivos de edad en cualquier ámbito social.

Entrevista completa a la gerontóloga Pula Forttes sobre el rol del adulto mayor

1. ¿Cuál es el estereotipo más común al referirnos a un adulto mayor?

Me parece que hay un estereotipo basal que engloba muy bien el mal entendimiento de esta etapa de la vida y es el de pensar que existe una sola imagen de persona mayor, esa tendencia de querer asumir que porque somos mayores nos convertimos en algo similar, no sólo es errónea, sino que facilita la instalación de otros prejuicios y estereotipos al intentar homogenizar y no relevar lo heterogéneo de las personas mayores.

En segundo lugar los estereotipos asociados a que la edad es un limitante para realizar proyectos, anhelos, sueños, ese tan frecuente «no tengo edad para hacer eso, o no tengo edad para vestir aquello, o a mi edad eso se ve ridículo, etc» que lo único que logra es reducir el espacio de movimiento y de realización personal.

Los mitos y prejuicios se van almacenando en nuestro inconsciente a lo largo de toda la vida, generalmente por creencias erróneas que han dominado las representaciones de una etapa de la vida a la que no era tan frecuente llegar, ni estar por tanto tiempo y de manera generalizada, en la medida que vamos mirando esta nueva realidad vamos tomando conciencia que esos mitos y prejuicios además de ser mentirosos, terminan siendo formas de limitar nuestras propias vidas.

La discriminación por edad o edadismo es un tipo de maltrato a nosotros mismos, de ahí que sea tan importante el desarrollo del conocimiento y el develar las diferentes experiencias que son posibles, como también, intervenir en el consciente colectivo que reproduce imágenes mentirosas con demasiada impunidad, el desarrollo de la gerontología, las ciencias y el entendimiento de lo heterogéneo que resulta vivir y por ende la vejez irán permitiendo una mayor conciencia. Todas las discriminaciones encuentran soporte en la ignorancia.

2. ¿Qué errores se pueden dar al hablar de un adulto mayor, la sociedad se limita a encasillar a este segmento poblacional en ser abuelo o infantilizarlo?

La vejez como fenómeno social es reciente, se sitúa en el último siglo; y pese a las cifras tiende a ser invisibilizada, los roles familiares, específicamente el de abuelo pareciera ser el único que la sociedad ha validado para ser mayor, lo que también es falso, porque si eres abuelo, también eres padre, madre, hermano, pareja, etc.

La forma de reconocer a la vejez desde una perspectiva sociológica ha sido la jubilación y al estar asociada al retiro también ha limitado el desarrollo de otros roles de participación social a través del trabajo u otros, que cada día más se irán observando.

Si te jubilas a los 65 y puedes tener una muy buena sobrevida de 20 y más años en que necesariamente, querrás realizar actividades en beneficio propio y del entorno.

Además, cuando los mayores representen un 25% de la población me parece poco factible y a lo menos un despropósito que la sociedad no se beneficie de la participación de los mismos, en el trabajo, las artes, las comunicaciones, los voluntariados, el turismo, en fin.

Cada día más personas mayores se niegan a ser llamadas como «abuelos» por quienes no son sus nietos y confío que con el tiempo, nos extrañará que esto haya sido frecuente, incluso en los medios de comunicación.

Sobre la infantilización que mencionas, es un tema de mucha relevancia, porque si bien es una realidad que a mayor edad en especial superando los 80 años se hacen más frecuentes las complicaciones a la salud que generan pérdidas de autonomía y dependencia, los mayores no son niños y nunca pueden ser tratados como tal a no ser que se haya tramitado la interdicción y la justicia haya determinado un tutor que tome decisiones por él, cosa que puede ocurrir incluso mucho antes de ser mayor.

Desgraciadamente, tal como el trato de abuelo por el entorno que no son los nietos se disfraza de trato afectuoso, «los mayores son como niños» se disfraza de atención y cuidados, cuando en la práctica daña la identidad y la autonomía, incluso más que las pérdidas de funcionalidad, porque daña la autoimagen y la capacidad de decidir, quitándonos el lugar de control.

Hay muchas manifestaciones de aquello frente a las cuales es bueno estar atentos como esos tonos condescendientes: dejar de llamar a la persona por su nombre o tratarlo como si no entendiera.

Yo suelo hacer el ejercicio de que quienes trabajan en servicios para mayores ejerciten lo que a ellos les pasa con un trato infantilizador, esa es la mejor experiencia para abandonar esas prácticas.

3. ¿Cómo se puede evitar, de la mano de la autonomía, caer en la estigmatización y la limitación de roles?

Cuándo se comenzó a trabajar por los derechos de las mujeres o las personas de color y por los derechos de las diferentes preferencias sexuales, etc que son formas de discriminación como el edadismo, el camino se veía difícil y con horizontes lejanos; no obstante es mucho lo que se ha avanzado, aun faltando desde luego, en el caso del edadismo.

La tarea fundamental es visibilizarlo. Me ocurre generalmente que luego de los cursos o seminarios y charlas al respecto, se me acercan participantes para referirme que después de reconocer las diferentes formas edadistas, comienzan a identificar conductas discriminatorias y basadas en mentiras en su quehacer cotidiano, en los otros y en ellos mismos.

Es por eso que la primera tarea es visibilizar, hablar de esto reflexionar y yo agregaría por sobre todo, pensar en nosotros mismos, en nuestros hijos, en qué vejez queremos vivir y que vivan quienes amamos y que con casi certeza seremos viejos, no debemos olvidar que vivir bien la vida depende de nuestras actitudes por cierto, pero el entorno determina los posibles, pues entonces, hagamos que hayan más posibles.

4. ¿Cuál puede ser el papel de la gerontología durante la pandemia y la cuarentena decretada por los gobiernos, ante un panorama de adultos mayores confinados? ¿Qué efectos a largo plazo puede tener este aislamiento en los adultos mayores?

Esta pandemia ha puesto de manifiesto que ya sea en las patologías crónicas como en las infecto contagiosas, son las personas mayores quienes lo pasan peor, con lo que ya no hay excusa para que la salud geriátrica no sea abordada con profundidad en sus contenidos éticos y filosóficos como en la praxis, la experiencia de lo ocurrido y que está aconteciendo dejará mucha reflexión respecto de cómo hacer las cosas, en lo sanitario y en lo social que por lo demás siempre van unidos.

La gerontología debe estar atenta a registrar lo sucedido a cuestionarlo y a replantearlo desde las experiencias positivas y también desde las negativas, aquí se han conculcado derechos que habrá que revisar y replantear, también nos ha faltado distinguir el tremendo potencial de las personas mayores respecto de la adaptación a escenarios tan hostiles, ha quedado de manifiesto que la brecha tecnológica del sector de mayores se ha transformado en un impedimento y me parece que más que reconocerla hay que empezar a intervenir para una mayor cercanía, uso y frecuencia.

¿Cuál es el papel de la gerontología? pues cuestionarse y plantear las preguntas precisas que desencadenen cambios beneficiosos para la sociedad en su conjunto desde la calidad de vida de los mayores.

Los efectos han ido e irán apareciendo y hay que estar atentos para movilizar nuevas políticas, servicios y soportes, estamos enfrentando una nueva época donde este virus cambiará muchas de las formas de vivir que creíamos estaban asentadas. Asistimos a un cambio de paradigmas y desde ahí el conocimiento y los marcos valóricos serán determinantes.

*Documento Abatimiento funcional y síndrome de recuperación fallida, Gustavo Rodrigo Medina Beltrán, Rosalía Rodríguez García y Luis Arnulfo GarcíaMena

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cerrar