Por Álvaro Rodríguez Hernández*

El nuevo coronavirus, covid-19, ha dejado lecciones que la humanidad no debe olvidar una vez que se supere la emergencia. Más allá de preguntarnos por qué ha pasado lo que vive el mundo durante este 2020, lo que realmente nos debemos preguntar es para qué vivimos una pandemia que se detectó en diciembre de 2019 y al 7 de abril de 2020 ya había cobrado la vida de más de 79 mil personas y se sigue propagando.

Las lecciones dadas por el Covid-19 se han planteado desde el comportamiento frente al planeta, la sobrepoblación, el capitalismo salvaje y la falta de respeto por la naturaleza en general, un llamado del planeta para que nos diéramos cuenta de que La Tierra está mejor sin nosotros y que nosotros no podemos vivir sin ella. Sin duda, cada uno tenemos una enseñanza de esto, pero hay un sector de la población que grita por nuestra atención.

La Comisión Nacional de Salud china desveló sus cifras de fallecimiento y los números fríos mostraron como la población de mayor mortalidad por el virus correspondía a los adultos mayores. El 80% de víctimas del Covid-19 en China correspondía a personas mayores de 60 años que, además, presentaban otro tipo de enfermedades antes de ser contagiadas, personas que padecían de diabetes, hipertensión y afecciones respiratorias, entre otras dolencias.

Es decir, esta pandemia aceleró la muerte de la memoria, la experiencia y la sabiduría de la humanidad, y lo hizo de una manera cruel y despiadada, apartados, sin su familia, sin el derecho a una despedida o a una ceremonia según la cultura a la que pertenecían y sus creencias. Ese ritual del paso de la vida y la despedida del ser hacia la muerte con una esperanza de eternidad tuvo que ser abolido para generar una eliminación de los despojos humanos.

Hemos vivido historias que parten el corazón, desconsuelan el alma y roban la esperanza, pero sabemos que todos caminamos hacia la muerte, lo doloroso es lo repentino, las circunstancias y la imposibilidad de acompañar al ser querido durante su partida para finalmente brindarle un adiós, en muchos casos, siguiendo una última voluntad.

Se fueron sin un adiós

Esta columna la comenzó a generar la carta escrita por el periodista David López Frías del periódico digital El Español, toda la verdad sobre esta situación en una misiva inspirada en su abuela y dirigida a toda una generación. El epílogo de esa epístola se generó días después con toda una historia en un solo trino que corta la respiración

David describe una hermosa relación con su abuela, con unos vínculos de amor que, sin duda, la muerte no puede romper, pero esto nos hace pensar en aquellos adultos mayores que antes de la pandemia vivían en la soledad y el abandono.

Que no se nos olvide colegas

Hoy nos sorprendemos y la tristeza invade nuestro ser al ver la forma como muchos mayores de 60 están partiendo en masa, en soledad y sin despedidas; pero no podemos dejar de lado que antes de diciembre de 2019, también había mayores que su día a día era la soledad, otros que murieron sin un familiar o conocido al lado y otros que tienen las calles por hogar. Esta pandemia nos da una cachetada y nos voltea la cara hacia aquella población que grita por nuestra atención.

La población mayor merece nuestra atención, los recursos suficientes para su bienestar, nuestro respeto y admiración, no son un mueble o un estorbo, son los que le han puesto la cara a la vida y van adelante en el camino, camino por el cual también vamos nosotros.

Esto es un trabajo integral de todo el sistema, pero como periodista quiero hacerle un llamado a mis colegas y a los medios de comunicación. Es necesario generar más información, adelantar investigaciones, vigilar el estado de los adultos mayores, debemos trabajar por aquellos que han entrado al ocaso del curso de la vida.

No dejemos que la información periodística de los adultos mayores se limite al momento de su muerte para hacer un artículo biográfico en homenaje a su memoria, hay que denunciar, apelar al periodismo de soluciones y vincularlo directamente al contenido referente a quienes entregaron su juventud por una familia, un trabajo, un país o el mundo.

Ellos son personajes que en una entrevista nos pueden llenar de sabiduría. Como periodistas o medios de comunicación no dejemos que se marchen de este plano sin pena ni gloria, atender sus consejos y enseñanzas nos pueden librar de cometer muchos errores y si lo damos a conocer al mundo les estaremos dando el lugar que merecen, los sabios de la vida.

*Comunicador Social – Periodista, docente universitario. Vivo con el firme propósito de aprender algo nuevo hasta el último día, camino procurando no hacerle mal a nadie, Soy periodista por vocación, por formación y por decisión.

Álvaro Rodríguez Hernández

Álvaro Rodríguez Hernández

Comunicador Social – Periodista, docente universitario. Vivo con el firme propósito de aprender algo nuevo hasta el último día, camino procurando no hacerle mal a nadie, Soy periodista por vocación, por formación y por decisión.

2 comentarios en “La dura lección que nos dejan los adultos mayores en la pandemia

  1. Apreciado amigo y periodista Álvaro Rodríguez. Su mirada en estos momentos de aislamiento y reflexión, para algunos creyentes, a quienes seguramente por primera vez en la historia del mundo, deben congregarse en 4 paredes por la situación que vive el país y el mundo entero frente a esta pandemia, una reflexión para creyentes y no creyentes, que en muchas ocasiones sus adultos mayores son importantes mientras ellos tengan un dinero, un dinero que en muchas ocasiones se convierte en una pandemia para la familia, hasta el punto de olvidar a esos seres que le han dado la vida y que cuando requieren de un cariño y la mejor atención en sus últimos días, sólo reciben desprecio, maltrato y abandono de sus propios hijos, de sus nietos y demás familiares que consideran que ese adulto mayor es un estorbo y un ser que hay que abandonarlo. Que tristeza que en este planeta existan seres sin corazón, amor y respeto por sus adultos mayores. En muchas ocasiones la tierra madre, la naturaleza y los animales nos dan ejemplo. Esto que vivimos es un llamado de la naturaleza para reflexionar sobre lo que ha sido de nuestras vidas y nuestros comportamientos con el planeta y con nuestros adultos mayores. Lo felicito por su artículo en esta Semana Santa para algunos, y para otros de aburrimiento por no poder estar de paseo y rumba. Atentamente Jairo Guatama

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