-Margoth Muñoz

Como niña fui feliz, soñadora y alegre,  me decían periquita, hablaba mucho. En el colegio era de cachuchacho en cachuchacho, lo van fregando mucho a uno, pero uno chiquito es muy lindo, muy espontáneo, en mi casa me dejaban expresar.

El lugar donde viví mi infancia era algo parecido así como la vecindad del Chavo, así más o menos, que era un pasaje en el cual habían casas independientes pero que nos reuníamos a jugar con todos los vecinos chiquitos, siempre a escondidas de los papás que le prohibían meterse con los vecinos, pero eso era muy delicioso salir a jugar con los vecinos un domingo.

Era 1948, en una Bogotá más fría que la actual. A pesar de vivir en medio del conflicto que afectaba a la capital, Margoth recuerda su infancia con alegría y despreocupaciones.

No me afectó el bogotazo, luego cuando llegó Gustavo Rojas Pinilla, cuando uno está muy niño no le afecta a uno, ve a le gente asustada y le da curiosidad, todo el mundo hablaba, Dios mío, no sé qué, pero a uno de niño no le asustaba, yo me acuerdo: yo era feliz, de ver al mundo angustiado, tan rara yo. Tal vez porque no sabía lo que pasaba, no se vio la escases como uno de niño vive es el momento, no está pensando hay guerra y no habrá que comer, eso los adultos, uno piensa de niño que no le hace falta nada.

Su gran amor, fue su padre

Recordaría a mis papás con mucho amor y agradecimiento por lo que me enseñaron, y por lo que también me criticaron, que eso lo veo positivamente, porque eso lo veo como crecimiento.

Yo era muy consentida de mi papá mucho, mucho. Cuando yo era chiquita me le botaba a los pies y no lo dejaba caminar, entonces era muy cariñosa. Mi mamá era un poco sequita, mi papá un poco seco con mis hermanos, pero yo fui muy consentida por él, la relación entre mis papás muy bonita, muy buena.

Mi relación con mis hermanos, más que todo con el que me seguía, que me llevaba como dos años, sobre todo con Eduardo que era con el que más la pasaba jugando y de grande pues buen consejero también y soltero, me cuidaba mucho también.

El recuerdo más agradable, los años nuevos con serpentinas y pitos y sombreros deseándonos el feliz año y mi papá repartiendo moneditas, en esa época se repartían moneditas y todos contentos y los abuelitos, todo familiar, muy bonito.

Un amor fugaz con mil enseñanzas (y una boda a escondidas)

Un gran amor el que le tuve a mi esposo. Me enamoré perdidamente, esa relación fue muy inmadura, lógico, pero fui muy feliz, dentro de la desgracia fui muy feliz, porque fue mi maestro que me enseñó todo lo que uno no debe hacer para no sufrir, con él aprendí que no hay que gastarse la plata, que no hay que tomar porque es malo, todas las cosas negativas que aprendí fue con él, ahora soy todo lo contrario por eso, si él no me hubiera mostrado esa vida, la agresividad y el odio, y todo eso que él tiene, que aún lo tienen a veces mis hijos, que tienen ciertas rabias que heredaron de él, en realidad eso le enseña a uno a moderarse, eso le sirve como enseñanza.

Las técnicas de supervivencia en los 60´s

Aprendí a defenderme en dibujo, que me sirvió para mantener a mis hijos, aprendí bastante, me hubiera gustado terminar la carrera, artísimo, muy buenos eran los cursos que daban en la Tadeo porque en ese tiempo tu estudiabas arte y decoración publicidad, propaganda, decoración de interiores, dibujo arquitectónico entonces cualquier cosa que tú te metas hoy en día, tenía muchas salidas, ahora no, ahora todo es aparte, y yo aprendí de todo un poquito, en medio semestre nada mas, luego me defendí para levantar a tres chinos también, luego conocí a Luisito que él me ayudaba con la casa pero yo tenía que poner la comida de los niños, Ricardo ayudaba al principio un poquito, pero todo se lo tomaba, mi papá me ayudaba, yo vivía de mi papá, mi mamá no me daba porque mi papá era el que tenía la platica, mi papá era el que me ayudaba a mí, mi mamá quiso un poquito más a Ricardo, pero de todas maneras no estuvo de acuerdo porque él tomaba mucho, ella decía que era lo borracho y no era más. A mi papá también le gustaba el traguito pero él era muy responsable con su trabajo y con su familia.

Evocando un lugar en el pasado

Mi lugar favorito de esa época era ir a comer helado en Pechimerba que llamaban, en Monteblanco, que era un salón de té que quedaba en la Jimenez con séptima, era muy rico, siempre iba acompañada, cuando mis papás iban a misa, al salir, íbamos a comer helado, con un amigo de mi hermano, con Ricardo fui a una pastelería que se llamaban Sirano, unos biscochos deliciosos.

Actualmente mi lugar favorito en Bogotá es mi casa, el lugar donde vivo, mi barrio, en medio de todo, con indigentes y todo así, me gusta, todos los lugares son muy inseguros pero me gusta estar acá. Ya han cambiado los lugares, como ya hay Crepes o vas a supermercado a La 14 y cualquiera y encuentras este señor Valdéz, Oma, encuentras otros.

Lo que ha cambiado desde los cincuentas en Bogotá

Antes no existían puentes, el transporte, no había Transmilenio, pongamos, todo eso es nuevo y Monserrate está mejor ahora, cuando era muy pequeña no existía el teleférico, después si ya existió, otra cosa que ha cambiado era que uno subía a Monserrate y eso era pura tierra, iba seguido con la familia, había una costumbre que al finalizar el año iba uno allá y llevaba una olla con piquete, entonces comía uno allá, después eso se pobló y ya no se puede, todo está cambiadísimo, hoy en día es tremendo, pues las iglesias no han cambiado, eso es lo bonito de ellas, que conservan siempre su parte colonial, las iglesias sobretodo del centro, es lo único que no han cambiado, mi familia y el colegio me inculcaron la religión católica, yo estaba en el Girardot Saenz y después pasé al colegio que se llama la enseñanza que antes era Florez Tovar, en el que terminé, también cambió el aeropuerto, el hipódromo y ahora creo que ahí es una cosa de autos.

¿Una moraleja? Vivir el hoy

Soy una mujer madura, mayor, que le gusta vivir mucho el presente, estar en el ahora, procuro no preocuparme por el ayer ni por el futuro, es lo que he aprendido ya de vieja, para vivir feliz.

El día más feliz, el día en que conoció al que sería su esposo.

El día más triste fue la muerte de mi papá, hace unos 30 años, murió debido a una operación que no aguantó, yo tenía unos 35 años.

Desearía ser recordada como alguien que dejó huellas en cada uno, que sea una lección de vida positiva en la vida de todos.

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