Por: Angie Paola Fajardo

Nunca me imaginé que al verte en una imagen que jamás hubiera querido ver, sentiría el dolor más grande. Iniciando la pandemia causada por el Covid-19 en el mundo, enfrentándome a esos cambios que trajo este virus, enfrentándome a cambios laborales, emocionales y todo lo que conllevó hasta hoy esta pandemia; nunca me imaginé sentir el dolor más grande y miedo en mi vida.

Esta mezcla de sentimientos internos al saber que no te volvería a ver, me trajo culpa y arrepentimiento, al entender que estabas muriendo y yo no te dediqué el tiempo que merecías. Ese tiempo que tú me brindaste por muchos años.

No podía dejar de pensar que no era posible decirte adiós y agradecerte por todo el amor y tiempo que me brindaste. Hoy en día después de esos momentos tan difíciles al verte casi morir, no me he perdonado el tiempo que no te compartí y mereces por parte de tu nieta.

Esta es una carta que te escribo con todo el amor del mundo, y que espero leértela pronto, aunque sé que no puedes expresar lo que sientes, pero sé muy bien que me entiendes.

Esta carta va para el amor verdadero: mi abuela. Debo confesar que si me estuviera leyendo me diría cómo muchas veces lo hizo… “!A que le huelo!” , detestaba que le dijera así y muchas veces me corrigió a mí y a sus cuantos nietos.

Leila Isabel de Sierra, es mi abuelita de 86 años, madre de 10 hijos, abuela de 31 nietos y bisabuela de 26 bisnietos, el pilar de una familia bastante grande.

Leila se enamoró a sus 15 años de mi abuelo, Jairo Sierra, todo un galán. Entre tantas historias, mi abuelo me contó cómo una niña del campo con una minifalda, al verla caminar moviendo su cola, lo enamoró. Me contaba que al verla le dijo que ella sería la madre de sus hijos, y así fue.

Mi abuelita, estuvo bastante presente en mi crianza, ayudó a mi madre con su dieta cuando yo nací, siempre fue muy especial, alcahueta, pero con mucho carácter, ahí donde uno no le hiciera caso. La mejor cocinera del mundo, creo que muchos dirían eso de sus abuelas, (ellas tienen un don). No expresaba mucho su amor, pero conmigo fue la más amorosa, consentidora, que al verme siempre me recibía con un abrazo, un regalo y un ‘llegó mi modelo’… siempre me dijo así.

Hoy a mis 25 años de edad te extraño tanto que a veces añoro poder escucharte de nuevo y que me recibieras con los brazos abiertos. Al saber que hace unos años te diagnosticaron con Alzheimer. Este es el momento que me preguntó por qué te sucedió, pero son momentos de la vida que solo Dios sabe el porqué.

Creo que debimos agradecerte todo lo que hiciste sin parar por todos nosotros, tus hijos y nietos, agradecerte todo en vida como muchos dicen, ya después cuando faltes no valdrá. Todavía me cuesta que al verte no pueda escucharte, no recuerdes mi nombre, ni quién soy, tampoco agradecerte todo el amor que me brindaste y yo descuidé por mucho tiempo.

Se que si tuvieras un día de claridad, le jalarías las orejas a tu familia entera, estarías disgustada, decepcionada de las personas y de la unión familiar que conformaste, que tuviste unida y en pie, y hoy no está, y te pido perdón por eso.

Te pido también perdón por descuidarte y aunque siempre has sido una de las personas más importantes de mi vida, sé que te dejé a un lado, pero puedes tener claro algo qué aunque no te lo dije con lucidez cuando pude, hoy eres el amor más grande y verdadero que tendrá mi vida.

Te aprovecharé el tiempo que nos queda juntas y agradeceré que al ver casi irte, hoy estás aquí para mí.

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