Por Álvaro Rodríguez Hernández*

Una forma de referirnos a la vejez es con la palabra ocaso, la caída del sol en el horizonte, la innegable señal de que el día ha muerto; es decir, cuando decimos que la vejez es el ocaso de la vida estamos hablando directamente de la muerte, pero no se nos puede olvidar que todos admiramos los atardeceres y que con la muerte del día, nace la noche y la actividad nocturna es más que atractiva y encantadora.

Pensar que el adulto mayor no puede trabajar y ser productivo es un error, no se puede subestimar a un ser humano que supera los 60 años y cuenta con sus facultades; es claro que hay condiciones de salud que imposibilitan el trabajo de los adultos mayores, pero son aspectos que se deben evaluar y, sin duda, esa persona podrá ejecutar una actividad que lo haga sentir productivo y le ayude en su condición médica.

Lo primero es no confundir con explotación o trabajo forzado de las personas que llevan más tiempo que nosotros sobre la tierra, con el aprovechar las capacidades y experiencia de quienes ya tienen la vida marcada en su piel. Es diferente que una persona le indique a otra la mejor forma de construir una pared a que tenga que cargar los ladrillos y levantar la pared con sus manos, lo que seguro aprendió e hizo por años.

Nuestros adultos mayores son personas que están en capacidad de aportar, la Ley 1251 de 2002 que tiene como finalidad “lograr que los adultos mayores sean partícipes en el desarrollo de la sociedad, teniendo en cuenta sus experiencias de vida, mediante la promoción, respeto, restablecimiento, asistencia y ejercicio de sus derechos”, engloba lo deber ser del papel de los que tienen mayor edad y nuestro comportamiento frente a ellos.

Se debe buscar un envejecimiento activo, la oportunidad de vivir un día a día entre actividades recreativas y productivas, entrenamientos físicos y mentales y los tiempos de ocio en donde el adulto mayor elija lo que desea hacer, no olvidar el descanso y el recibir el cariño de sus familia o personas cercanas. Esto se puede resumir un término técnico que corresponde al bienestar integral.

Centrémonos en las actividades productivas, acá se puede destacar el planteamiento que hace el programa ‘Por una Vejez Digna y con Sentido’. Las apuestas gubernamentales, bien ejecutadas, son el motor que deben mover a las familias para que motiven a sus adultos mayores a que hagan parte de estos espacios que logran generar procesos de emprendimiento.

El programa, que beneficia a personas de diferentes municipios del departamento, genera procesos de capacitación, los cuales pueden convertirse en proyectos de nuevos negocios que, dentro de la capacidad de trabajo de los mayores, les ofrece una nueva oportunidad de ingresos, pero lo realmente importante es cómo en una edad avanzada vuelve a la vida la capacitación y la creación de empresa.

Los adultos mayores pueden seguir haciendo crecer el mundo

Pensando de manera positiva, no es descabellado imaginar que estos adultos mayores, fácilmente, pueden convertirse en potenciales creadores de empleo desde sus nuevas actividades, pero si no es así, son personas que se atrevieron a seguir aprendiendo y esos conocimientos los podrán poner en práctica con sus seres queridos, en el interior de sus casas o de los hogares gerontológicos, allí también serán productivos.

Cuando se habla de educación del adulto mayor, regularmente, el tema se centra en aquellas capacitaciones que se dan para afrontar su nueva condición de edad, la pérdida de habilidades o el afrontar las discapacidades que van apareciendo, pero la capacitación debe ir más allá, contemplar otros campos y capacitar en unas competencias para la productividad y el conocimiento.

No podemos descartar las artes, las expresiones artísticas y todo lo relacionado a lo cultural, es posible que esto se contemple muy bien en el ámbito de recreación, pero lo que se debe buscar es la participación de los adultos mayores en estas actividades, no como espectadores, si no como protagonistas.

Hay frentes de capacitación propicios para los adultos mayores, hay de donde elegir lo que pueden estudiar, y también hay espacios en donde ellos pueden ser los que enseñan y capacitan, tanto a personas de su misma edad como a jóvenes o mayores. Es necesario que los procesos sean inclusivos, en donde se permita que mayores, adultos y jóvenes compartan y se enriquezcan desde su propio momento cronológico.

Amor, capacitación y productividad; una pieza clave dentro del rompecabezas del bienestar integral de nuestros adultos mayores que hoy en día cuentan con más problemas que soluciones, una población que no es cubierta en el 100% por los programas gubernamentales y en donde no todos cuentan con el apoyo de una familia o personas cercanas. Los adultos mayores son productivos; disfrutemos y aprovechemos su sapiencia.

Álvaro Rodríguez Hernández

Álvaro Rodríguez Hernández

Comunicador Social – Periodista, docente universitario. Vivo con el firme propósito de aprender algo nuevo hasta el último día, camino procurando no hacerle mal a nadie, Soy periodista por vocación, por formación y por decisión.

4 comentarios en “Adultos mayores, amor, capacitación y productividad

  1. Nuestros adultos mayores necesitan de muchos cuidados amor, paciencia en especial no creerlos un estorbo en casa, en algún momento nosotros también viviremos esa etapa, y pueden ser más productivos que cualquier joven, miremos un poco hacía esas personas que tenemos en casa, ellos son el pilar de cada uno de nosotros .

  2. Nuestros adultos mayores deben ser el eje central de nuestra sociedad en donde les brindemos amor, respeto y bienestar.
    Excelente articulo!!!!

  3. El envejecimiento es un proceso natural, cada día debemos darle más valor, porque son experiencia vida, sabiduría. Darles importancia y hacerlos sentir útiles es de vital importancia.
    Permitirle a través de las vivencias cotidianas satisfacer necesidades compartidas de amor, respeto y sobretodo ambiente familiar.

  4. Seguramente ya somos pocos los que tuvimos el placer de crecer en compañía de «nuestros viejos» (cariñosamente hablando), y seremos los ÚNICOS y los últimos (generaciones de los 80’s y 90’s) en decir con propiedad «ha tiempos aquellos» cuando llegaban las vacaciones y resulta vamos todos en casa de los abuelos toda la temporada, con los primos, los amigos del barrio, con los tios…etc.
    Tristemente el afán de la nueva economía (antes de la pandemia) nos absorbió a tal punto que nos olvidamos que somos seres afectuosos y nos convirtió en individuos productores responsables de sostener un capitalismo bastante ajeno a nuestras posibilidades, en resumen, una nueva generación de exclavos.
    Precisamente está «esclavitud» nos alejó por completo de nuestro lecho, de nuestras costumbres, de nuestras raíces… De nuestros afectos, y por causa de este afán no estamos siendo concientes que la crianza de nuestros predecesores la dejamos en manos de máquinas; y con esto tristemente no somos concientes que abonamos el terreno a nuestra autodestrucción como especie… «Desechamos» a nuestros abuelos por «improductivos» y así le estamos enseñando a los nuestros que así también debemos ser tratados.
    La brecha la trazó la tecnología, algo ya imposible de echar para atrás, vamos a ver si la pandemia y con ello el confinamiento, logran que volvamos la mirada a nuestras verdaderas necesidades como Seres Humanos; el afecto, la convivencia, el contacto… Pero no a través de una pantalla. No podemos permitir que el olvido haga lo suyo dejando en un rincón las buenas costumbres, los buenos momentos, y todas aquellas experiencias con *nuestros viejos* quienes se esmeraron por enseñarnos lo que hoy somos y sabemos hacer. El aprendizaje y el calor de hogar no viene solo con un «click».

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